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Lunes 19 de Junio del 2017
Dr. César Milstein
FUENTE EDICIONES MEDICAS

Nació en Bahí­a Blanca, provincia de Buenos Aires el 8 de octubre de 1927, donde vivió hasta 1945. Se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad y cuatro años más tarde, en 1956, se graduó de Licenciado y luego de Doctor en Quí­mica en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
En 1957 se presentó y fue seleccionado por concurso para desempeñarse como investigador en el Instituto Nacional de Microbiologí­a Carlos Malbrán, que en esa época transcurrí­a en un momento brillante con la conducción de su director, Ignacio Pirosky. Poco tiempo después, en 1958, Milstein partió rumbo a Cambridge, Inglaterra, favorecido por una beca. El lugar elegido fue el Medical Center Research, uno de los centros cientí­ficos mundialmente reconocidos por su excelencia, y donde trabajaba Frederick Sanger -catorce años más tarde fue Premio Nobel de Fí­sica-, que fue su director de investigaciones. Al terminar la beca, logró una prórroga por dos años más, que fue aceptada de inmediato por el Dr. Pirovsky.
Regresó a la Argentina, en 1961, y Milstein fue nombrado jefe del Departamento de Biologí­a Molecular del Instituto Malbrán, recientemente creado. En el desempeño de este cargo, además de dedicarse al trabajo propiamente cientí­fico, quiso servir al mantenimiento fí­sico del propio Instituto, fabricando él mismo parte de los muebles que se necesitaba para llevar a cabo las distintas prácticas, o arreglando mobiliario arruinado y ya inútiles; su habilidad como carpintero y las dificultades presupuestarias se relacionaban en forma directa con este hecho.
Tras la caí­da del presidente Arturo Frondizi, el Malbrán fue intervenido y el trabajo de Milstein, perjudicado: diversos contratiempos polí­tico-institucionales, que incluyeron gran cantidad de cesantí­as, inquietaron a su grupo en la etapa crucial de un programa de estudios muy avanzados para el contexto de entonces, incluso a nivel mundial. Milstein era uno de los que no habí­a sido directamente perjudicado, aunque ya estaba cansado de las gestiones y las trampas, de las intrigas y de los comentarios arteros: todo esto le restaba la energí­a necesaria para dedicarse a sus actividades cientí­ficas. Ocurrió durante el gobierno del presidente provisional José Marí­a Guido. Volvió a Inglaterra para radicarse en forma definitiva.
Regresó en varias oportunidades a la Argentina, en 1965 y 1970 por motivos cientí­ficos y en 1973 y 1975, por motivos familiares.
En 1980 recibió los Premios Lovisa Gross Horowitz, otorgado por la Universidad de Columbia, EEUU y el de la Fundación Wolf de Israel. En 1981, compartió con George Kí¶hler, el Premio de la Fundación Gairdner de la New York Medical Society.
En mayo de 1984, fue invitado a inaugurar en Buenos Aires, la Cátedra abierta de Ciencias y Filosofí­a "Florentino Ameghino".
Durante las varias décadas que la ciencia aplicada intentó con diferente suerte fabricar lí­neas de anticuerpos puros en forma artificial, es decir, inmunosueros capaces de detectar y enfrentarse a una parte especí­fica del antí­geno con la esperanza de poder vencerlo. Para Milstein, esta posibilidad se fue convirtiendo de a poco en una obsesión que llevó consigo durante años, hasta que finalmente pudo convertirla en hipótesis, primero, y en un logro después, con la colaboración con su colega George Kí¶ehler.
Milstein y Kí¶hler debieron ingeniárselas entre 1973 y 1975 para lograr configurar los llamados anticuerpos monoclonales, de una pureza máxima, y por lo tanto mayor eficacia en cuanto a la detección y posible curación de enfermedades.
En 1983, Cesar Milstein se convirtió en Jefe y Director de la División de Quí­mica de Proteí­nas y Ácidos Nucleicos de la Universidad de Cambridge.
Para entonces, Inglaterra lo habí­a adoptado como ciudadano y cientí­fico.
El 16 de octubre de 1984 se conoció la noticia que Cesar Milstein de 57 años, era galardonado con el Premio Nobel de Medicina, compartido con el alemán George J.Kí¶hler de 38 años y el dinamarqués Niels K.Jerne de 73 años, por sus trabajos sobre inmunologí­a y anticuerpos monoclonales, cruciales en el tratamiento de las enfermedades cancerosas; el sí­ndrome de inmunológico adquirido en el transplante de órganos y muchas otras posibilidades. El Instituto Karolinska de Estocolmo seleccionó, teniendo en cuenta a Jerne, a los tres grandes teóricos de la inmunologí­a y que difundieron las tres principales teorí­as entre 1955 y 1974, llevando a que la inmunologí­a moderna se percatara que la reacción inmunológica del organismo "está regulada por una compleja red de anticuerpos y contraanticuerpos" y que la teorí­a de la red es factor clave en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.
La contribución del argentino Milstein y el alemán Kí¶hler, consistió en el desarrollo de la llamada técnica de hibridoma, para producir sustancias llamadas anticuerpos monoclonales, es decir idénticos entre sí­. Ambos cientí­ficos trabajaron en la Universidad de Cambridge.
El gran hallazgo que le valió a Milstein el Premio Nobel produjo una revolución en el proceso de reconocimiento y lectura de las células y de moléculas extrañas al sistema inmunológico. Los anticuerpos monoclonales pueden dirigirse contra un blanco especí­fico y tienen por lo tanto una enorme diversidad de aplicaciones en diagnósticos, tratamientos oncológicos, en la producción de vacunas y en campos de la industria y la biotecnologí­a.
En cuanto a sus posibilidades de precisión para la realización de trasplantes, el uso de los monoclonales permiten establecer el grado de afinidad entre los órganos y el organismo receptor, de tal modo de diagnosticar de antemano si el órgano trasplantado sufrirá o no rechazo.
El Premio compartido ascendió a 190 mil dólares. Su verdadera importancia es que el trabajo abrió una nueva etapa en la Medicina, ya que al fusionar los linfocitos B, que tienen una vida media limitada en la producción de anticuerpos, con las células tumorales de vida limitada, se logró un hí­brido de ambas de acción permanente, lo que significó un gran avance en la inmunologí­a moderna, sobre todo para el diagnóstico y tratamiento de gran número de enfermedades.Cesar Milstein continuó trabajando en el Laboratorio de Biologí­a Molecular de Cambridge y visitó la Argentina con bastante frecuencia.
En 1987 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Bahí­a Blanca y recibió el tí­tulo de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional del Sur . En 1993 obtuvo el premio Konex de Brillante, en Buenos Aires.
En la madrugada del 24 de marzo de 2002, falleció César Milstein a los 74 años de una afección cardí­aca en Cambridge. En 1993, el cientí­fico habí­a sufrido un infarto de miocardio.

Dijo Milstein:
"Mi padre fue un inmigrante judí­o que se afincó en la Argentina y quedó a su propia suerte cuando tení­a 15 años. Mi madre era maestra e hija de una familia de inmigrantes pobres. Para ellos, no habí­a sacrificio imposible con tal de asegurar que sus tres hijos (yo era el del medio) fueran a la universidad. Yo no era particularmente un alumno brillante, aunque tení­a una activa participación en los asuntos del Consejo Estudiantil y la polí­tica. De esta manera conocí­ a mi esposa, Celia. Luego de la graduación, nos casamos y nos tomamos un año completo libre en la más inusual y romántica luna de miel, abriéndonos el camino a través de muchos paí­ses europeos, incluyendo un par de meses en kibbutzs israelí­es.
Al regresar a la Argentina, comencé a trabajar seriamente en busca de un doctorado bajo la dirección del profesor Stoppani, el profesor de bioquí­mica en la Escuela Médica. Mi tesis del doctorado se realizó sin ningún tipo de apoyo económico. Tanto Celia como yo trabajamos part-time mientras estudiábamos bioquí­mica clí­nica, ganando entre ambos lo justo para mantenernos. Mi tesis se basó en estudios cinéticos con la enzima aldheí­do deshidrogenasa. Cuando estaba lista, fui becado en el British Council Fellowship para trabajar bajo la supervisión de Malcolm Dixon. Allí­, en el Departamento de Bioquí­mica en la Universidad de Cambridge, inicié un proyecto sobre el mecanismo de la activación metálica de la enzima fosfoglucomutasa. Fue a través de esa enzima que comencé a colaborar con Fred Sanger. Luego de completar mi tesis del doctorado, participé por un espacio breve en el Consejo de Investigación Médica en el grupo de Sanger para luego retornar a la Argentina por un perí­odo de dos años. Durante ese tiempo, extendí­ mis estudios en los mecanismos de acción de la enzima dentro de las enzimas fosfogliceromutasa y la fosfotasa alcalina. Poco tiempo después tuve mi primera experiencia en la dirección del trabajo de otras personas, incluyendo mi primera investigación estudiantil.
La persecución polí­tica de los intelectuales y cientí­ficos liberales se manifestó como una "vendetta" contra el director del instituto en el que trabajaba. Esto forzó mi renuncia y posterior regreso a Cambridge para unirme a Sanger, quien para esa época era el Director de la División de Quí­mica Proteica en el recientemente formado Laboratorio de Biologí­a molecular del Consejo de Investigación Médica. Siguiendo su recomendación, cambié de la enzimologí­a a la inmunologí­a. La evolución de mi investigación en esta área fue descripta en la publicación Lynen y la Nobel".
"Los argentinos tiene una potencialidad muy particular, muy rica. A cualquier argentino que va al exterior generalmente le va muy bien. Hablo de material humano excelente. Siempre me ponen a mí­ de ejemplo porque soy Premio Nobel. Por eso no entiendo por qué no arrancamos.
La Argentina me da mucha tristeza, es un paí­s inestable, imprevisible. Y creo que no hay ni habrá ningún médico que cure el mal argentino. O lo curan los argentinos, o no se cura nada".



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