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Miércoles 08 de Septiembre del 2010 - 14:04:29
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Academia de Ciencias
DOS PRESTIGIOSOS INVESTIGADORES PLATENSES
El médico Horacio Cingolani y el botánico Jorge Crisci acaban de recibir ese importante reconocimiento. Aquí reflexionan sobre el nivel de la investigación en el país y en La Plata
La ciencia y la Universidad, bajo la lupa de los premios Houssay
Opinan que la Argentina "no está mal" en materia de investigacióncientífica si se compara la actualidad con otras épocas -no tanlejanas- del país. Aseguran que la Universidad Nacional de La Plata esuna "gran cuna" de investigadores que se ha visto potenciada ybeneficiada por un fuerte e histórico entrelazamiento con el Conicet.Dicen que debe haber "áreas de interés" para la investigación, perocreen a pie juntillas que los máximos logros de la ciencia devienen dequienes no persiguen fines utilitarios. Advierten sobre el peligro delavance del mercantilismo en el terreno científico, y no se olvidan deque un día -tras toda una vida dedicada a la investigación- losmandaron "a lavar los platos". En marzo, uno de ellos puede serelegido como "el investigador de la Nación" por el ministerio deCiencia y Técnica. De momento, el médico Horacio Cingolani (75) y elbotánico Jorge Crisci (65) protagonizan un hecho inédito: junto aldoctor en Ciencias Químicas Rodolfo Brenner, fueron galardonados con elprestigioso premio Houssay a la trayectoria en el sector científico. Entanto, el astrofísico Gustavo Romero fue premiado en la categoría demenores de 45 años. En suma, cuatro platenses reconocidos entre losmejores del país en una misma edición. En el segundo piso de lafacultad de Medicina, Cingolani y Crisci repasaron los grandes trazosde la investigación científica en el país y en la Universidad, pero,sobre todo, hablaron de lo que más les gusta -más bien, de lo que amany los apasiona- y que hace a la esencia del investigador: vivir para elconocimiento. "NO ESTAMOS MAL" Una entrevistaperiodística le provoca a Cingolani la primera observación. Su paso porla Johns Hopkins University de Baltimore y la Vanderbilt University deTennesse, en Estados Unidos, le recuerda que "allá salen muchas notascientíficas en las primeras planas". "Es que hay una conciencia en elpueblo en ese sentido -reflexiona enseguida-. Cuando uno se sube a untaxi, le preguntan a qué se dedica y dice 'investigador', la sorpresa yel respeto es llamativo". "Es entender que la ciencia y latécnica son fundamentales en la transformación de la vida cotidiana",acota Crisci, quien opina que "en el país hay un muy buen nivel deperiodismo científico". ¿Y cómo está el país en términos deinvestigación científica? "Si comparamos con otros momentos de laArgentina, tenemos que decir que estamos bastante bien; justamente elotro día lo charlábamos con el doctor (Angel) Plastino (ex rector de laUniversidad)", dice el fundador del Centro de InvestigacionesCardiovasculares (UNLP-Conicet), Horacio Cingolani. "Sobre todo,comparando con los '90", refiere Jorge Crisci, quien supo ser docente einvestigador en las universidades de Harvard, Ohio y Wisconsin. "En esaépoca se cerró el ingreso a la carrera en el Conicet", recuerda. "Y nosmandaron a lavar los platos", apunta Cingolani. Acuerdan en queel nombramiento de Eduardo Charreau (titular del Conicet entre 2002 y2008) fue clave. "No me atrevería a atribuirle el crédito a ningúnpolítico, pero sí a Charreau -enfatiza Crisci, y coincide Cingolani-,porque significó que un investigador superior del Conicet estuviese acargo de los investigadores". "Eso cambió la pendiente", señalael médico platense, aunque agrega: "más allá de que hubo avatarespolíticos, el Conicet siempre se mantuvo. Y su creación en los años '50(a cargo del premio Nobel Bernardo Houssay) marcó una gran diferenciade la investigación en Argentina respecto del resto de América Latina". "Estepaís tuvo tres premios Nobel. Tenemos una historia de ciencia muyimportante desde que, en los '40, lo ganó Houssay", destaca elbotánico. "Antes del Conicet sólo podían hacer investigación BraunMenéndez, Houssay, Leloir, gente que tuviese con qué vivir. Recién ahíse inició la carrera de investigador; el poder vivir de la generaciónde conocimiento", reseña Cingolani. Volviendo al presente,subrayan que "a partir de la gestión de Charreau aumentó elpresupuesto, los becarios, los ingresos a la carrera, los apoyoscientíficos. Y un gran acierto fue la creación del ministerio deCiencia y Técnica", dicen. LOS TIEMPOS DE LA CIENCIA "Nosotrossomos investigadores básicos, no perseguimos para nada la aplicacióninmediata, la utilidad y el mercantilismo. Nos han enseñado que si loque hacemos está bien, si es excelente, va a tener aplicación en elfuturo. Para eso hay que creer en lo que uno hace", remarca Cingolani,y cita a Juliuos Comroe: "En medicina, los dos tercios de los mayoresaportes los hicieron quienes no pretendían solucionar problemasprácticos inmediatos; sólo buscaban la verdad ante un mecanismodesconocido. Igual -dice-, cuando a Houssay le preguntaron si habíaciencia básica y aplicada, respondió que no, que hay ciencia básica quese aplica". Crisci coincide en que no se puede abordar laciencia desde una mirada utilitaria. "En las ciencias básicas se buscala excelencia. Si juzgaran a la botánica por la practicidad y elmercantilismo, no existiríamos los botánicos, porque nunca vamos aelaborar algo que sea de utilidad para la semana que viene". CIENCIA Y UNIVERSIDAD ¿ElEstado o la Universidad deben decidir qué se investiga? "No -afirmaCingolani-. Por supuesto que debe haber áreas de interés para lainvestigación, como el mal de chagas en nuestro país, pero lainvestigación es un acto creativo". En cuanto a la investigaciónen el seno de la UNLP, Crisci dice que "la Universidad ganó tres de losocho premios Houssay; eso dice algo. De cualquier manera, el 80% somosmiembros del Conicet. Creo que (la casa de altos estudios) tuvo lasuerte de haber estado siempre entrelazada con ese consejo". "Escierto, sin el Conicet la investigación en la Universidad quedaría muyreducida", conviene el médico. Cingolani dice que "hayfacultades y facultades. La de Crisci (Naturales y Museo) esbásicamente de investigación, en cambio Medicina es profesionalista,aquí somos raros los investigadores". "Es que si bien uninvestigador no vive mal, no puede tener una aspiración económicaextraordinaria. Sabe que va a hacer lo que le gusta y le van a pagar, yeso es un regalo de la vida", acota el botánico. Cingolaniañade, en la misma línea, que "todas las universidades pagan incentivosa los docentes que hacen investigación, y para la mayor categoría puederondar los 900 pesos; una suma nada despreciable", señala. Porúltimo, consultados sobre la investigación en otros países -dada sularga experiencia internacional-, dicen no atreverse a comparar. "A losargentinos que van al exterior les va bien", apunta Crisci. "¿Hablamosde financiamiento? No tengo datos, el olfato me dice que sí, que enpaíses desarrollados se destina más porcentaje del PBI", remataCingolani. El tema no los desvela. Sólo los apasiona el conocimiento. FUENTE: www.eldia.com.ar/ |
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